¿Quién fue José Eustasio Rivera?
- Santiago Andres Molano Sierra
- Dec 24, 2023
- 5 min read
Updated: Jan 2, 2024

José Eustasio Rivera, el autor de la aclamada novela “La Vorágine” es un personaje sumamente interesante, no solo es alguien de quien realmente sabemos poco, sino que su prematura muerte a los cuarenta años nos privó de poder conocer mucho más acerca de este abogado huilense.
Por ello he de advertir al lector que la mayor parte de esta información es posible hallarla en el texto de Neale-Silva y en el prólogo de la edición ayacucho realizado por Juan Loveluck.
Sabemos que nació en el año 1888 en San Mateo, un corregimiento de Neiva, el cual a día de hoy es llamado Rivera, en honor al autor. Se nos cuenta que vivió una vida rústica primero junto al Magdalena y luego en la zona montañosa siempre en contacto con la naturaleza, lo que seguramente sirvió de inspiración para sus poemas y sonetos.
José Eustasio inició su educación primero en San Mateo, luego en Aguacaliente, y luego en Neiva, pero no sería hasta 1906 cuando fue favorecido con una beca para estudiar en la Escuela Normal de Institutores en Bogotá. Con apenas 18 años Rivera viajó a la capital donde completaría sus estudios y se ganaría fama de poeta. Un contemporáneo suyo lo recuerda así:
“Era un muchacho guasón, campechano, sencillo y hasta ingenuo en ocasiones; retraído a veces, y comunicativo en otras circunstancias; además, leal y generoso en la amistad colegial”
Rivera culminaría sus estudios y para 1909 ya fungía como inspector escolar en la capital del Tolima. Para estas fechas encontramos sus primeros escritos, un ensayo sobre “La emoción trágica en el Teatro” y un cuento titulado “La mendiga del amor”.
Leía mucho en Ibagué. Sobre todo acerca de las aventuras de quienes se internaban en las selvas amazónicas persiguiendo la riqueza y lo inesperado- Esto, más sus recuerdos infantiles de tantas historias de caucheros que pasaban derrotados, de regreso del “infierno verde” le fue prefigurando la obsesión por el alucinante mundo de La Vorágine, el laberinto geográfico del amazonas, ese lugar lejano que a veces no figuraba en los mapas le despertaba enorme curiosidad.
Fue hacia 1912 que Rivera, con el fin de lograr una formación más rigurosa, ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, allí pasaría los próximos cinco años los cuales culminaría con la presentación de su tesis de abogado: “Liquidación de las Herencias”.
La vida de Rivera tomó un ritmo más lento, más allá del ajetreo típico de la capital, Rivera la pasaba resolviendo litigios herenciales de poca monta, hasta que en 1918 le fue presentando don José Nieto, un terrateniente del Casanare a quien Rivera asesorará en ciertos temas legales.
Con el fin de comprender de mejor manera las minucias legales decidió viajar a Casanare para conocer el ambiente y los problemas, nada sencillos, que le exponía el latifundista. Este primer contacto con los llanos casanareños es fundamental, no solo por la inspiración para los paisajes descritos en La Vorágine, sino porque propiciaría el encuentro con varios de los futuros personajes de la novela; especialmente con Luis Franco Zapato, cuya huida desde Bogotá con Alicia Hernández se convertiría en el asunto de la primera parte del libro.
Rivera se convirtió en amigo íntimo de Luis Franco Zapata. Este le contaría acerca de la vida en los llanos, así como de las tragedias de la selva, el embrujo maligno de las estradas y las florestas, así como la miseria de los caucheros hipnotizados. Así pasaría los siguientes dos años años entre Orocué y Sogamoso en lo que llevaba el litigio, el cual finalmente perdería. En una carta recopilada por Eduardo Neale-Silva, se nos dice que de su larga estancia en los llanos solo le quedó:
“una modesta cantidad de dinero, algunas amistades, y una visión de la tierra casanareña, mezcla de pesadilla y de encantamiento”.
De nuevo en Bogotá, Rivera trabajaría su prosa y léxico suntuoso y raro, el cual se vería especialmente plasmado en una colección de sonetos, los cuales fueron bien recibidos por el público, titulado Tierra de promisión (1921).
Posterior a la publicación de su primer libro, fue convocado por Antonio Gómez Restrepo, subsecretario de Relaciones exteriores para nutrir la delegación de Colombia, esto le permitió conocer Perú, México y Nueva York. A su regreso a Colombia en 1922, se estableció en Sogamoso en donde escribiría la primera parte de La Vorágine, fue entonces cuando fue nombrado secretario de una de las comisiones limítrofes entre Colombia y Venezuela. Esto le permitiría conocer los escenarios donde actuaban los caucheros, todas esas leyendas, historias y relatos cobrarán vida y se enfrentaría cara a cara a ese mundo caótico y desquiciador, lleno de desorden, codicia y violencia sanguinaria; la locura del caucho.
A pesar de ser una comisión oficial, el viaje era penoso, asediado por las lluvias y sitiado por los mosquitos, recorriendo caseríos perdidos de la mano de Dios, finalmente sería alcanzado por la enfermedad, la cual minaría su ánimo hasta el punto de abandonar su misión. Un amigo de Rivera, a quien le confesó sus penas describía que:
“… sin más compañía que dos incógnitos remeros, sin otra provisión que algunas latas de conserva, garantizado solo por su revólver, por motivos que no vienen al caso, abandonó la Comisión de Límites de la cual formaba parte, como abogado de la delegación Colombiana y emprendió en una canoa… el penoso viaje de subir al Orinoco. Esta determinación la tomó en el tremendo raudal de San Borja. Así viajó hasta San Fernando de Atabapo, el níveo pueblecito que le sirve de cabeza al territorio de Amazonas.”
Allí vivió en sus propias carnes la mordedura de la selva homicida, fue en San Fernando donde escucharía la historia de setenta llaneros colombianos que fueron vendido por Julio Barrera Malo al sirio Miguel Pezil. Los llaneros fugados recurrirían al cónsul de Colombia en Manos, quien los repatrió por el Caquetá.
En 1923 completaría su regreso a Bogotá en donde lo encontramos como miembro de la Cámara de Representantes desde donde formulaba cargos y acusaciones al Ministro de Relaciones Exteriores para que tomara cartas en el asunto de las condiciones de los caucheros colombianos.
Nada pudo hacer Rivera frente al Señor Ministro Jorge Vélez, sus quejas y denuncias no encontraron oídos diligentes. Se hace mención que además de las condiciones de los caucheros, Rivera también llegó a poner aviso de los peligros de penetración extranjera en el territorio, los cuales se materializarían en 1932 con la toma peruana de Leticia, lo que daría lugar a la única guerra internacional en la que se ha invadido territorio colombiano en los más de 200 años de historia republicana.
El rotundo fracaso de Rivera en la Cámara de Representantes significó una victoria para la narrativa latinoamericana. Fue a inicio de 1924 en donde Rivera no se quedaría de brazos cruzados y tomaría la determinación de acabar su novela de denuncia frente a la situación de los caucheros colombianos. Finalizada a mediados del año, en octubre se podían encontrar anuncios en los periódicos que anuncia su lanzamiento.
La novela fue alabada y discutida, y su popularidad le brindaría a Rivera, en el año 1928, la designación como representante de Colombia ante el Congreso de Inmigración y Emigración en La Habana, posteriormente viajaría a una nueva selva, una selva de acero y concreto, de soledad y multitudes pululantes.
Rivera viajaría a Nueva York en donde discutirá los términos para la traducción de su novela, e incluso se llegó a discutir la posibilidad de una adaptación cinematográfica. A la par que preparaba el manuscrito de la quinta edición de La Vorágine adelantaba el manuscrito de su nueva novela de denuncia, una novela sobre la extracción petrolera titulada “la mancha negra”, la cual nunca vería la luz.
En noviembre de 1928, el ajetreado Rivera se vio presa de un gran malestar, y el 1 de diciembre de 1928 Rivera fallecería en el Polyclinic Hospital de Nueva York. Sus restos serían repatriados y actualmente yacen en el cementerio central de Bogotá.
Esta es la historia de José Eustasio Rivera, el poeta, el abogado, el que vio a la cara al infierno verde, que vivió en sus carnes las abrasadoras fiebres. Con esto queremos aportarle a nuestro querido lector elementos para que entienda de mejor manera el personaje que está detrás de las líneas de la novela.
Muchas gracias por leernos.



Dos comentarios. Rivera nace en Neiva. La foto del edificio no corresponde a la Escuela Normal Central de Institutores sino al Instituto Técnico Central